PRODUCCIÓN LITERARIA DE ESCRITORES DE LA GENERACIÓN DEL 30 - REALISMO SOCIAL

 Enrique Gil Gilbert 

1912-1973 Ecuatoriano, Guayaquileño

Enrique Gil Gilbert
EL MALO
Duérmase niñito,
duérmase por Dios;
duérmase niñito
que allí viene el cuco,
¡ahahá! ¡ahahá!
Y Leopoldo elevaba su destemplada voz meciéndose a todo vuelo en la hamaca, tratando de arrullar a su
hermanito menor.
—¡Er moro!
Así lo llamaban porque hasta muy crecido había estado sin recibir las aguas bautismales.
—¡Er moro! ¡Jesú, qué malo ha de ser!
—¿Y nuá venío tuabía la mala pájara a gritajle?
—Iz que cuando uno es moro la mala pájara pare...
—No: le saca los ojitos ar moro.
San José y la virgen
fueron a Belén
a adorar al niño
y a Jesús también.
María lavaba,
San José tendía
los ricos pañales

José de la Cuadra

1903-1941 Ecuatoriano, Guayaquileño



LA TIGRA.

Los agentes viajeros y los policías rurales, no me dejarán mentir -diré como en el asertomontuvio- Ellos recordarán que en sus correrías por el litoral del Ecuador -¿en Manabí?, ¿en elGuayas?, ¿en Los Ríos? - se alojaron alguna vez en cierta casa-de-tejas habitada por mujeresbravías y lascivas... Bien; ésta es la novelita fugaz de esas mujeres. Están ellas aquí tan vivascomo un pez en una redoma; sólo el agua es mía; el agua tras la cual se las mira... Pero, acercade su real existencia, los agentes viajeros y los policías rurales no me dejarán mentir.

 

"Señor Intendente General de Policía del Guayas: Clemente Suárez Caseros, ecuatoriano,oriundo de esta ciudad, donde tengo mi domicilio, agente viajero y propagandista de la firmacomercial Suárez Caseros & Cía., a usted con la debida atención expongo: En la casa dehacienda de la familia Miranda, ubicada en el cantón Balzar, de esta jurisdicción provincial,permanece secuestrada en poder de sus hermanas, la señorita Sara María Miranda, mayor deedad, con quien mantengo un compromiso formal de matrimonio que no se lleva a cabo por larazón expresada. Es de suponer, señor Intendente, que la verdadera causa del secuestro sea elinterés económico; pues la señorita nombrada es condómina, con sus hermanas, de lahacienda a que aludo, así como del ganado, etc., que existe en tal propiedad rústica.Últimamente he sido noticiado de que se pretende hacer aparecer como demente a lasecuestrada. En estas circunstancias, acudo a su integridad para que ordene una rápidaintervención a los agentes de su mando en Balzar. De usted, respetuosamente- (Fdo.): C.Suárez Caseros". - (Sigue la fe de entrega): "Guayaquil, a 24 de enero de 1935; las tres de latarde; Telegrafíese al comisario nacional de Balzar para que, a la brevedad posible, seconstituya, con el piquete de la policía rural destacado en esa población, en la haciendaindicada, e investigue lo que hubiere de verdad en el hecho que se denuncia; tomando cuantasmedidas juzgue necesarias en ejercicio de su autoridad. Transcríbansele las partes esencialesdel pedimento que antecede. - (Fdo.): Intendente General". -(Siguen el proveído y la razón dehaberse despachado el telegrama respectivo).



Adalberto Ortiz 

1914-2003 Ecuatoriano, Esmeraldeño


La mala espalda


El mulato, que era el más joven de los tres, se llamaba Juan Francisco. Tenía la espalda muy mala, y por eso no podía trabajar en el campo. Pero como era el más joven, el más fuerte y el más alegre, todos los días lo llevaban a la plaza para que hiciera reír a la gente. Allí, en la plaza, Juan Francisco se ponía a bailar, a cantar y a hacer chistes. La gente se reía mucho y le daba monedas. Pero Juan Francisco no podía trabajar en el campo, y eso le daba mucha tristeza.

Un día, Juan Francisco conoció a una muchacha que se llamaba MaríaMaría era muy bonita y tenía los ojos grandes y negros. Juan Francisco se enamoró de ella y le pidió que se casara con él. Pero María le dijo que no podía casarse con él porque era muy pobre. Juan Francisco se puso muy triste y se fue a la plaza a bailar y a cantar. La gente se reía mucho, pero Juan Francisco no podía olvidar a María.

Juan Francisco pasaba las noches pensando en María. Soñaba con ella y se imaginaba que la llevaba a pasear por las montañas. Pero al despertar, recordaba que no podía casarse con ella por ser tan pobre. Un día, mientras bailaba en la plaza, vio a un hombre rico que le miraba con curiosidad. El hombre se acercó a él y le preguntó por qué estaba tan triste. Juan Francisco le contó su historia y el hombre le ofreció una solución. Le dijo que, si se sometía a una operación de espalda, podría trabajar en el campo y ganar mucho dinero. Así podría casarse con María.



 Ángel Felicísimo Rojas
1909-2003 Ecuatoriano, Loja


Un idilio bobo

Había una vez una niña que soñaba con ser mariposa. Todas las noches, cuando cerraba los ojos, se imaginaba volando entre las flores, con alas de colores brillantes. Su madre le decía que los sueños eran solo eso, sueños, pero la niña no dejaba de desearlo.

Un día, mientras paseaba por el jardín, encontró una mariposa herida. Sus alas estaban rotas y apenas podía moverse. La niña la tomó en sus manos y la cuidó con ternura. Le dio miel y la protegió del viento y la lluvia.

La mariposa sanó lentamente, y la niña la observaba con admiración. Un día, cuando estaba a punto de volar, la mariposa se posó en el hombro de la niña y le susurró al oído: ‘Gracias por cuidarme. Ahora, cierra los ojos y despierta en un mundo de alas y colores’.

La niña sonrió y cerró los ojos. Cuando los abrió, se encontraba en un prado lleno de flores. Sus brazos se habían convertido en alas, y podía volar como siempre había deseado. La niña se convirtió en mariposa y vivió feliz entre las flores, llevando consigo el sueño que se hizo realidad.

Pero una noche, mientras volaba junto a la luna, la mariposa sintió un dolor agudo en el pecho. Sus alas comenzaron a desvanecerse, y la niña se despertó en su cama. Había vuelto a ser una niña, sin alas ni colores brillantes. Lloró por la pérdida de su sueño, pero sabía que había vivido algo mágico.

Joaquín Gallegos Lara

1911-1947 Ecuatoriano, Guayaquileño

El guaraguao

El montubio se llamaba Chancho-rengo. Era un hombre flaco, de piel tostada por el sol y ojos pequeños y vivaces. Su vida transcurría entre los manglares y los ríos, cazando aves y vendiendo sus plumas. Pero lo que más quería en el mundo era su guaraguao, su fiel compañero de aventuras.

Alfonso, así se llamaba el guaraguao, era un ave grande y majestuosa. Tenía el plumaje oscuro y los ojos afilados como cuchillos. Desde que era un polluelo, Chancho-rengo lo había criado con cariño. Juntos recorrían los bosques y los esteros, compartiendo silencios y secretos.

Un día, mientras cazaban garzas, Chancho-rengo encontró una bolsa llena de monedas de oro. La suerte parecía sonreírle. Pero esa misma noche, los hermanos Sánchez, unos maleantes del pueblo, lo emboscaron. Lo golpearon y le robaron el dinero. Alfonso, fiel a su amo, intentó defenderlo, pero los hermanos lo ahuyentaron a machetazos.


Demetrio Aguilera Malta

1909-1981 Ecuatoriano, Guayaquileño


El cholo que odió la plata

En un pueblo montuvio, vivía un cholo llamado Juancho. Un día, mientras trabajaba en su pequeña parcela, se encontró con un hombre extraño. Este hombre, vestido de negro y con una sonrisa siniestra, le ofreció una bolsa llena de monedas de plata. A cambio, le pidió algo inusual: que odiara la plata. Juancho, intrigado y asustado, aceptó el trato.

A medida que Juancho acumulaba más y más plata, su vida cambió drásticamente. Se volvió rico, pero también comenzaron a suceder cosas extrañas a su alrededor. Las cosechas se marchitaban, los animales morían y la gente lo evitaba. Juancho se dio cuenta de que la plata estaba maldita.

Atormentado por la riqueza y la desgracia, Juancho buscó al extraño hombre de nuevo. Este le ofreció una salida: devolver la plata y recuperar su vida normal. Pero Juancho se aferró a la riqueza, incapaz de renunciar a ella. La plata se convirtió en su obsesión.

La maldición de la plata se intensificó. Juancho perdió a su familia, su salud y su cordura. Finalmente, en un acto desesperado, arrojó la bolsa de plata al río. Pero era demasiado tarde. El diablo apareció y se llevó su alma.

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